Ninguna empresa se diseñó
para funcionar como
un solo sistema.
Se compró una herramienta para vender, otra para facturar, otra para hablar con el cliente. Cada una guarda su propia versión de la verdad. El mismo dato se vuelve a escribir cinco veces y nadie puede responder una pregunta sin abrir cuatro pantallas.
El costo no aparece en ninguna factura: aparece en el tiempo que tarda una decisión.